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¿Y si...

¿Y si la luna se escondiera y, por la    
noche, sin ninguna luz en el cielo,      
nuestros roces fueran caricias y la      
cama con sábanas de terciopelo?      
¿Y si el sol no apareciera y, con la      
mano entrelazando tu suave pelo,      
deseara no despertarte con la        
intención de llegar a tu desvelo?        
¿Y si mañana tu y yo, sin la luna        
y el sol, volviésemos a nuestra cuna?  

Relato de un viejo y su despedida.

Estando yo paseando por la plaza de al lado de mi casa miro al banco de la esqina. Todos los días desde hace varios años veo a un hombre ya anciano de pelo blanco, bastón de clara madera, mirada perdida y temblores en las manos, sentado observando la forma en q se oculta el sol. Cada día igual: llega con paso calmado, se sienta lentamente y espera.
Pasé a su lado. Olor a viejo y humedad penetró en mi nariz. Miré a su desgastada cara pero sus ojos apuntaban a la infinitud del cielo ya casi del todo oscuro. Pasaron varios minutos cuando alcancé a ver la silueta de una persona sentada a su vera. Lucía capa negra hasta los tobillos y gran guadaña, pero, gracias a la oscuridad de la noche no pude ver lo q supuse q iba a ser esqelética cara.
Mas, lejos de tener miedo, hacerqeme yo sin ruido a unos arbustos cercanos al banco. No oía nada y temí haber sido cazado. Cuando ya me disponía a llevar a cabo mi retirada oí una fría voz proveniente de debajo de la capa:




- Ya llegué.




El silencio se hizo de nuevo entre las dos personas. Al rato se escucharon unas cansadas palabras del anciano:




- Lo sé. Te he estado esprando.




A partir de ese momento la cara del anciano dejó por fín de mirar al negro cielo para dirigirse directamente a la persona de su izqierda. La conversación llegó a mis oidos. Esa conversacíon q no era mía y q no debí de haber escuchado, cosa de la q ahora pido perdón a Dios.




- ¿Por qué has tardado tanto?
- He venido cuando he tenido q venir.
- Mientes. He esperado demasiado.
- Lo justo.
- Me ha sobrado vida q podía haber sido aprovechada por cualqier interesado. Tu trabajo no has realizad.
- Ni tu ni yo decidimos la hora de nuestra cita, eso ya lo sabes...
- Perdón, no he qerido faltarle al respeto. ¿Cómo funciona esto? ¿Le pongo a sus pies la cabeza como si leñador fueras o hablamos pues de mi vida, mis amores y mis creencias?
- No qisiera hacer migas al ser yo seqia y tu simple y peqeña semilla.
- Entiendo el razonamiento, mas qisiera decirte antes de nuestra partida q, de niño ni te conocía, de jóven me hablaron de tí, de adulto te temía y ahora ya de viejo tu nombre susurraba esperando este día.




Ambos se levantaron del banco no sin dejar pasar unos minutos para silenciosa despedida. El anciano ya contento, con leve sonrisa, su bastón de madera agarrado con fuerza, sin temblores en las manos y ligera prisa, siguió a la oscura capa hasta q ya no los veía.
No fue mucha mi sorpresa cuando los siguientes días miraba al banco y persona alguna había. Y después de ver lo q vi, únicamente pido q si alguien lee este relato, cuando sea ya yo viejo, no dude en qitarme sin miramientos la vida, pues la espera, esa vieja amiga, no me va a hacer ningún bien sino alargarme la despedida.

A veces sueño.

A veces sueño en correr,
correr sobre las miradas
q ajenas a mis pisadas
tienen miedo por perder
la ilusión de no crecer.
A veces sueño en pintar 
voces con las q gritar
versos en vez de palabras,
gritar lo q qedó atrás,
gritar, gritar por gritar.

Mi alma.

Mi alma, cautiva en el más olvidado
baúl en cualqier sucio recoveco,
es guardiana de mi sentir cansado,
pues en sus rincones oculta el eco
del corazón cada vez más pausado
y q en sus primeros tiempos pecó
de no dejar descanso entre amor y amor,
de pasar por la vida de flor en flor.

La felicidad reside en la ignorancia.

No soy más feliz por saber q pasa en el tercer mundo.
No soy más feliz por conocer el tanto por ciento de personas de todo el planeta q poseen la mayor cantidad de dinero.
No soy más feliz por intuir q tenemos hilos en nuestras extremidades para q nos manejen como marionetas.
No soy más feliz por razonar q el hombre es un animal q se mueve por la codicia, el dinero y la ambición.
No soy más feliz por saber q cada vez q me subo en el coche se derrite un mm cuadrado más de polo como un soldadito de plástico en el microondas.
No soy más feliz por estudiar q se tala un árbol en el mundo por cada segundo como si de un juego se tratara.
No soy más feliz por intuir q las zapatillas q llevo son propiedad de niños de la India.
No soy más feliz por saber q si lanzas los dados en el cielo y tienes mala suerte naces mujer en china.
No soy más feliz porq de vez en cuando pueda oír en la tele una peqeña mentira, un mísero susurro de los engaños q se llevan a cabo a nuestras espaldas mientras nos ponen golosinas delante de la cara.
No soy más feliz por razonar q para q se fabriqen medallas destinadas a soldados en el otro lado del mundo hay una guerra de donde vienen.
No soy más feliz por escribir estas palabras pues suponen q soy un infeliz.
No soy más feliz por saber q si yo ya soy un infeliz, casi todas las personas relacionadas con las frases q acabo de escribir son todavía más infelices q yo.

Entonces, según lo anterior mencionado, si no supiera nada de estas palabras, ¿podría llegar a ser feliz algún día, aunqe fuese solo unos minutos, aunqe fuese únicamente un cosqilleo en el estómago?

Tres lágrimas derramadas.

Tras razonar lo q qieren decir las palabras q salen de sus finos labios (esos q tantas veces te han regalado el placer) y mirarla a los ojos, lo comprendes.
Un tarro de pintura blanca se derrama por tu mente tiñéndola de blanco, colapsando tus sentidos y dejándote sin palabras.

El sonido de una lágrima q choca contra el suelo hace eco en tus oídos sacándote de tu ensimismamiento. Pronto comprendes q ese incordio de lágrima q ha roto el hilo de tus pensamientos, es tuya. ¿Hace cuánto no llorabas? ¿Hace cuánto al vida no te había clavado sus puntiagudos y brillantes dientes diseñados para resqebrajar el tejido del corazón?

Te distraes pensando en tus propios sentimientos, en porq lloras, en porq no sonries, en q hacer, en porq no besarla, en porq estas bloqeado, en porq no te mueves, en porq ella tampoco...

La miras. Te aparta la mirada. En esas milésimas de segundo q tus ojos conectaron con los suyos pudiste ver en ellos como una boca con unos labios todavía más finos q los suyos, unos dientes afilados y una sonrisa encogedora del alma, cogía aire y lo soltaba para apagar la última chispa q mantenía encendida la pasión de la relación ya desangrada.

Otro estruendo resuena en tus tímpanos. Otra lágrima acaba de acariciar el suelo rompiéndose en pedazos. Miras los fragmentos y observas con agudeza q son más brillantes, más bonitos. Alzas la cabeza y al ves llorando. ¿Por qué llora ella si ha sido la culpable de la situación? Quizás haya sido por el hecho de verte asimilando su petición.

Te vuelves a distraer sumido de nuevo en tus pensamientos, e intentando averiguar los suyos. Siempre habías tenido una vaga idea de lo q pensaba y la forma en q lo hacia. Hoy no. Hoy era diferente. Ni siquiera intuias los motivos por los q lo hacía.

Cierras los ojos, no qieres más entretenimientos, únicamente qieres averiguar si existe una salida, una escapatoria a la condena q acaba de dictaminar esa chica q ahora se acercaba con paso lento hacia la puerta de salida. Sigues con al boca sellada, pero tus oidos captan unas dolorosas palabras mantenidas en el aire por un susurro: Feliz San Valentín.

El punto y final lo marca la tercera y última lágrima q explota contra el suelo. Esta vez no sabes si ha caido de tus ojos, de los suyos o de los infantiles ojos de Cupido al enterarse de q cuenta con un amor menos en esta guerra duradera q se lleva luchando desde q al viejo le llegan los recuerdos.






Paredes de cristal.

Paredes de cristal, donde vuelan las miradas,
los días y las noches se mezclan entre estrellas
y bajo tantas y tantas tormentas de lágrimas
se escucha el eco de murmullos y cuentos de hadas.

Y si algún día llegan las paredes opacas,
frías, con rincones tristes, ventanas cerradas,
en donde la luz no corra e ilumine nuestras
amargas vidas, q se entierren nuestras almas.

Infancia

¿Te has sentido alguna vez fuera de lugar? Donde parece q eres la pieza q pertenece a otro puzzle, sin sitio, atrapado en donde no qieres estar y donde no qieren q estes. Así fue mi pasado, mi infancia.
Mi vida estaba marcada por la monotonía, las reglas, el tiempo. Todos los días a las 7 y media me levantaba, desayunada mi clásico tazón de leche con cereales y me preparaba para ir a clase. Después de clase, la comida, los deberes, la merienda, el tiempo de ocio (siempre escaso), la ducha, la cena, la tele, la hora de lectura (en esa época los libros como Harry Potter o Narnia llenaban mi habitación), y a la cama. Siempre en ese órden, siempre el mismo horario, las mismas cosas...

Pasaron los minutos, las horas, las clases, los días, los veranos y llegué al instituto. Pensaba q mi vida en sí cambiaría al pasar al "colegio de los mayores", me imaginaba rodeado de amigos pasandonos apuntes, me imaginaba con mi propia taqilla con número de combinación, sentado en una gran sala con bancos superpuesto cada vez mas arriba como en las película americanas.
Me equivoqué. Nada cambió del colegio de los niños al de los mayores, salvo por la aparición de unos hierros en mi boca, también llamado aparato, el acné, los 30 cm más de altura, las ganas incontroladas de hacer caso a las hormonas q, cada vez q te encontrabas por los pasillos a la "Barbie" de tu instituto,te lanzaban cubos de sudor a la cara, te pegaban los labios con super glue y movían algo en tus pantalones.

¿Te has fijado alguna vez en el chico aparentemente mudo de tu clase de la ESO? ¿ese q pasa los recreos en un rincón mientras q en clase se limita a contestar con una tímida voz a las preguntas del profesor? Prácticamente yo era ese niño. Si existe una palabra en el mundo capaz de describir mis sentimientos y el paso de mi existencia por los bajos cursos del instituto, a la vez q mi papel en este último, esa palabra es: marginado.

El tiempo me araña...


El tiempo me araña. El tiempo q paso sin hablar contigo, sin saber nada de ti, sin mirarte, sin oir tus palabras o simplemente sin saber q estas cerca, aunqe no hablemos, únicamente me basta con saber q con un solo movimiento de cabeza puedo verte y, con suerte, levantar la mano para rozar la cálida piel q cubre tu cuerpo para q no se escapen las estrellas q viven en tu interior.


El constante pensamiento de mi proposición hacia tí golpea mi mente cada pocos segundos como las olas q golpean la fina arena de la playa. Es un castigo al q estoy condenado por enamorarme de la chica a la q todos miran, esa chica q parace ser el centro del mundo y maneja al sol y la luna solo con un susurro de sus labios. 


La espera me duele. La espera de saber si hay algo en un pozo sin fondo. La espera de saber si no hay nada, y un solo grito basta para q el eco espante a los fantasmas q me dicen al oido q la chica no querrá, dirá q lo mejro es la amistad. Pero no quiero escucharles y pienso, cada vez menos convencido, q solo son mentiras, q la chica vendrá y no simplemente para saludar, sino q se sentará conmigo a la orilla del pozo a contar historias de amor con final feliz mientras rozo con mis dedos su piel para q se agiten las estrellas q lleva en el interior.


La respuesta no llega. Ni un sí, ni un no. Ni un qizás, ni un hasta nunca. Nada.


El tiempo me araña...

Justicia

- Y, ¿a dónde vas?
- A buscar la justicia.
- No seas tonto, ambos sabemos q no existe.
- Mejor, así nunca pararé de buscarla. Será un viaje sin final.
- Compañero, la justicia es como el viento: lo sigues, lo notas, y cuando parece q lo vas a apresar con las manos se escabulle entre los dedos.
- Pues yo pienso buscarla, encontarla y amarrarla con cuerdas y cadenas a una silla para enseñarsela al mundo. Y sé, además, q no soy el único q no ha perdido la fe en ella, q hay más locos como yo q en el rocobeco más áspero y olvidado de su mente crece una rosa espinosa y bella llamada justicia.
- Deliras qerido amigo...