Tras razonar lo q qieren decir las palabras q salen de sus finos labios (esos q tantas veces te han regalado el placer) y mirarla a los ojos, lo comprendes.
Un tarro de pintura blanca se derrama por tu mente tiñéndola de blanco, colapsando tus sentidos y dejándote sin palabras.
El sonido de una lágrima q choca contra el suelo hace eco en tus oídos sacándote de tu ensimismamiento. Pronto comprendes q ese incordio de lágrima q ha roto el hilo de tus pensamientos, es tuya. ¿Hace cuánto no llorabas? ¿Hace cuánto al vida no te había clavado sus puntiagudos y brillantes dientes diseñados para resqebrajar el tejido del corazón?
Te distraes pensando en tus propios sentimientos, en porq lloras, en porq no sonries, en q hacer, en porq no besarla, en porq estas bloqeado, en porq no te mueves, en porq ella tampoco...
La miras. Te aparta la mirada. En esas milésimas de segundo q tus ojos conectaron con los suyos pudiste ver en ellos como una boca con unos labios todavía más finos q los suyos, unos dientes afilados y una sonrisa encogedora del alma, cogía aire y lo soltaba para apagar la última chispa q mantenía encendida la pasión de la relación ya desangrada.
Otro estruendo resuena en tus tímpanos. Otra lágrima acaba de acariciar el suelo rompiéndose en pedazos. Miras los fragmentos y observas con agudeza q son más brillantes, más bonitos. Alzas la cabeza y al ves llorando. ¿Por qué llora ella si ha sido la culpable de la situación? Quizás haya sido por el hecho de verte asimilando su petición.
Te vuelves a distraer sumido de nuevo en tus pensamientos, e intentando averiguar los suyos. Siempre habías tenido una vaga idea de lo q pensaba y la forma en q lo hacia. Hoy no. Hoy era diferente. Ni siquiera intuias los motivos por los q lo hacía.
Cierras los ojos, no qieres más entretenimientos, únicamente qieres averiguar si existe una salida, una escapatoria a la condena q acaba de dictaminar esa chica q ahora se acercaba con paso lento hacia la puerta de salida. Sigues con al boca sellada, pero tus oidos captan unas dolorosas palabras mantenidas en el aire por un susurro: Feliz San Valentín.
El punto y final lo marca la tercera y última lágrima q explota contra el suelo. Esta vez no sabes si ha caido de tus ojos, de los suyos o de los infantiles ojos de Cupido al enterarse de q cuenta con un amor menos en esta guerra duradera q se lleva luchando desde q al viejo le llegan los recuerdos.

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