- Me prometiste q era la última. La última vez q tenía q ir a por tí a un bar cualqiera por tu nefasto sentido de la consciencia. La última botella q veías acabar y, del enfado, la rompías contra la ventana de tus pensamientos dejándola rota en pedacitos. El último esfuerzo por apoyar en mis hombros todo tu peso para q no caigas de una vez por todas en el oscuro agujero de la vida misma.
¿Por qué te creí? Siempre igual... nunca cambiaras, pero esta vez se te ha acabado el juego conmigo, ya te he prestado suficientes fichas para q las sigas desperdiciando en esta larga partida de poker llamada vida. Puede q así cambies. Puede q si por variar no te levantes en tu casa, q no te levantes con un amigo al lado, cuidando de tí, de tus heridas, o q simplemente no te levantes, aprendas un gran consejo. Será por tu bien. Será también por el mío.
No se ni para q me molesto en hablar contigo con esta seriedad si la tuya ya se fue a la cuarta copa. Ahora mismo ni podrás pronunciar mi nombre. No creo ni q recuerdes estas palabras, estas palabras de despedida. Me lo prometiste.
...
Preguntas.
Preguntas sobre una relación acabada (nuestra relación acabada) se caen por su propio peso en el centro de mi pensamiento buscando unas palabras q les sirvan de respuesta. Palabras en forma de verdad o mentira. Palabras q mitiguen el incordio de no saber contestarlas.
¿Un "te quiero" al día y un beso de despedida cada mañana hubieran bastado para encender de nuevo el fuego, el fuego q nos calentaba por las noches y nos hacía más amenos los días? Probablemente sí. Sin qerer darnos cuenta fuimos dejando q la pasión se fuera, goteando por un grifo a medias de cerrar, y ni tú ni yo fuimos capaces de pararnos a escuchar ese goteo continuo q tanto dolor de cabeza nos producía.
¿Más picardía y menos cansancio y monotonía? Es obvio q eramos como pájaros enjaulados, como botellas de ceveza llenas de agua, como rehenes atados por las cuerdas del día a día. Nos faltaban esos guiños de ojos q dejamos de hacer antaño, esos besos con fuerza dejando de lado los intentos por volver a respirar. Nos faltaron escapadas atrevidas, aventuras sin planear, brotes de lujuría q crecieran espontáneamente sin haberlos visto venir.
¿Habría sido mejor permanecer siempre encadenados q no mirar cada uno por su lado? Fue un gran despiste no reparar muchas veces q ya no caminaba solo por esta vereda, sino q fuertemente agarrada a mi mano estabas tú esperando a q te preguntara si qerias cambiar de camino, esperando a q alguna vez te preguntara si estabas cansada, esperando hasta q no pudiste más y te soltaste de la mano.
¿Cómo no nos dimos cuenta? Esta es, a mi juicio, la peor pregunta. No le encuentro respuesta pero únicamente para q pare de amedrentarme lo q qeda de mi asfixiado cerebro le daré algunas palabras para q se calme, una dosis de nicotina. No eramos piezas del mismo puzzle. No es q no encajaramos, es q no teniamos el mismo dibujo encima. No era amor, era ansia por qerer enamorarse. Nos precipitamos al intentar jugar al parchis con dados de poker...
¿Un "te quiero" al día y un beso de despedida cada mañana hubieran bastado para encender de nuevo el fuego, el fuego q nos calentaba por las noches y nos hacía más amenos los días? Probablemente sí. Sin qerer darnos cuenta fuimos dejando q la pasión se fuera, goteando por un grifo a medias de cerrar, y ni tú ni yo fuimos capaces de pararnos a escuchar ese goteo continuo q tanto dolor de cabeza nos producía.
¿Más picardía y menos cansancio y monotonía? Es obvio q eramos como pájaros enjaulados, como botellas de ceveza llenas de agua, como rehenes atados por las cuerdas del día a día. Nos faltaban esos guiños de ojos q dejamos de hacer antaño, esos besos con fuerza dejando de lado los intentos por volver a respirar. Nos faltaron escapadas atrevidas, aventuras sin planear, brotes de lujuría q crecieran espontáneamente sin haberlos visto venir.
¿Habría sido mejor permanecer siempre encadenados q no mirar cada uno por su lado? Fue un gran despiste no reparar muchas veces q ya no caminaba solo por esta vereda, sino q fuertemente agarrada a mi mano estabas tú esperando a q te preguntara si qerias cambiar de camino, esperando a q alguna vez te preguntara si estabas cansada, esperando hasta q no pudiste más y te soltaste de la mano.
¿Cómo no nos dimos cuenta? Esta es, a mi juicio, la peor pregunta. No le encuentro respuesta pero únicamente para q pare de amedrentarme lo q qeda de mi asfixiado cerebro le daré algunas palabras para q se calme, una dosis de nicotina. No eramos piezas del mismo puzzle. No es q no encajaramos, es q no teniamos el mismo dibujo encima. No era amor, era ansia por qerer enamorarse. Nos precipitamos al intentar jugar al parchis con dados de poker...
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