Blanco, el techo blanco como la última vez q lo miré antes de dormirme. Blanco como ayer, como hace un mes, como hace dos años. Siempre blanco.
El resto de la habitación tirada. Alcanzo a ver el plato de la comida encima del de la cena de ayer, y noto como me sigue doliendo la cabeza a pesar de la aspirina q me tomé hace ya rato.
No sé q hora es. Tampoco qiero.
Llevo unos cuantos días un poco conmocionado... ¿o son ya semanas?
No estoy seguro, únicamente me acuerdo de despertarme alguna noche y asustarme al no ver el techo, y
sonreír al encender la luz y comprobar q sigue blanco. Siempre blanco.
Y pasan las horas. Y paso las horas. Y las horas pasan.
Pongo algún CD q encuentro entre la fauna de mi habitación mientras miro la puerta. Esa puerta cerrada, cerrada desde hace mucho, y entonces intento acordarme de antes y de fuera. Antes de dejar q se le fuera el aire a este globo al q llamo mente, fuera de este mundo al q llamo vida.
Recuerdo cosas sin mucho sentido, cosas de libros, cosas de amigos, cosas de una chica y cosas de un cuchillo.
Enciendo un cigarro mirando pensativamente como el fuego va qemando poco a poco, milímetro a milímetro, cada trozo de papelina intentando llegar a qemar las yemas de los dedos con los q lo agarro por el filtro, y, de repente me acuerdo, me acuerdo de cómo los libros los fui dejando de lado, de cómo los amigos me fueron dejando de lado a mí, y cómo al chica cogía un cuchillo y me desgarraba el ventrículo y la aurícula izquierda del corazón dejándomelo inservible.
Tiro al suelo el cigarro descapullado, me echo en la cama mirando al techo, y veo en una esquina cómo la sangre de un corazón atornillado lo mancha de un rojo intenso.
Mi techo blanco teñido de rojo. Siempre rojo, desde ahora, siempre rojo.
...
Sonrisas de atrezo.
Escribo. Escribo sobre el mundo en el q paso mi día a día y, al ser un chico de 18 años recién cumplidos, mis experiencias han sido cuanto menos escasas pero al pasar lentamente el tiempo me voy dando cuenta de detalles, detalles en la forma de actuar de esas personas q puedo clasificar de compañeros porq de forma ninguna me identifico con ellas.
Son de talles de falsedad, detalles manipuladores, detalles pensados para hacer daño, daño a esa gente q saludas y ofreces sonrisas de atrezo q se desmoronan al igual q una pirámide de cartas con el viento en cuanto la persona q tenías en frente, también sonriendo, pasa de largo. Son sonrisas de atrezo. Están para dar el pego, para atar la lengua mientras estás con esa persona hasta q se va, y la liberas, la cual cansada de esperar empieza a soltar insultos, cotilleos o rumores inventados sobre tu "amigo" q hace menos de treinta segundos estaba sentado a tu lado, y al q todavia puedes ver como se aleja de ti y se acerca sonriente a otro grupo de personas mientras tú sigues oliendo su colonia.
Es falsedad en estado puro.
Sonrisas de atrezo q valen para apoyarte en ellas un rato y q se romperán si te apoyas en ella un poco más fuerte. Hay sonrisas incluso q pinchan, hacen daño.
Las esbozan labios contaminados de insultos hacia tu persona, a tu familia o tu religión, a tu forma de ser o de pensar.
Y detrás de toda esta red de falsedad y manipulación de esos intereses mal formados, está la búsqeda
de la popularidad, de ser el más admirado, q cuando te levantes del café se haga un silencio hasta q traspasas la puerta y acto seguido empiezan los comentarios y las risillas.
Detrás de toda esta mierda están personas huecas q no se atreven a ser ellas mismas y se esconden detrás de sonrisas de atrezo...
Son de talles de falsedad, detalles manipuladores, detalles pensados para hacer daño, daño a esa gente q saludas y ofreces sonrisas de atrezo q se desmoronan al igual q una pirámide de cartas con el viento en cuanto la persona q tenías en frente, también sonriendo, pasa de largo. Son sonrisas de atrezo. Están para dar el pego, para atar la lengua mientras estás con esa persona hasta q se va, y la liberas, la cual cansada de esperar empieza a soltar insultos, cotilleos o rumores inventados sobre tu "amigo" q hace menos de treinta segundos estaba sentado a tu lado, y al q todavia puedes ver como se aleja de ti y se acerca sonriente a otro grupo de personas mientras tú sigues oliendo su colonia.
Es falsedad en estado puro.
Sonrisas de atrezo q valen para apoyarte en ellas un rato y q se romperán si te apoyas en ella un poco más fuerte. Hay sonrisas incluso q pinchan, hacen daño.
Las esbozan labios contaminados de insultos hacia tu persona, a tu familia o tu religión, a tu forma de ser o de pensar.
Y detrás de toda esta red de falsedad y manipulación de esos intereses mal formados, está la búsqeda
de la popularidad, de ser el más admirado, q cuando te levantes del café se haga un silencio hasta q traspasas la puerta y acto seguido empiezan los comentarios y las risillas.
Detrás de toda esta mierda están personas huecas q no se atreven a ser ellas mismas y se esconden detrás de sonrisas de atrezo...
Atrapando al sol.
Miro al sol, tan alto, tan majestuoso, tan sensible q se aleja para q ni le rocemos.
Lo qiero.
Cojo una red, con todas mis fuerzas la lanzo pero ni le roza y él se ríe de mi intento.
Me armo con una espada y arremeto contra él y lo único q corto es el viento.
Me enfurezco y le tiro con piedras, pero él es muy rápido y yo muy lento.
Alcanzo una pistola.Su sonrisa se borra del rosto y disparo sin miramientos.
Empieza a sangrar... y se deshincha... y se pierde en el firmamento.
Y pronto me doy cuenta de q el sol era un globo, q yo soy un niño, q ya es de noche, q mi imaginación es mi gran tesoro.
Lo qiero.
Cojo una red, con todas mis fuerzas la lanzo pero ni le roza y él se ríe de mi intento.
Me armo con una espada y arremeto contra él y lo único q corto es el viento.
Me enfurezco y le tiro con piedras, pero él es muy rápido y yo muy lento.
Alcanzo una pistola.Su sonrisa se borra del rosto y disparo sin miramientos.
Empieza a sangrar... y se deshincha... y se pierde en el firmamento.
Y pronto me doy cuenta de q el sol era un globo, q yo soy un niño, q ya es de noche, q mi imaginación es mi gran tesoro.
Amigos perennes y amigos caducos.
En mi vida, como supongo q pasa en la mayoría de las vuestras, puedo encontrar dos tipos de amigos: perennes y caducos. Todo el mundo tiene a esa persona, ese amigo en el q se confía incondicionalmente, al q se le cuentan los problemas y preocupaciones y q acabas entregando con el paso de los años una parte de tu vida en bandeja de plata, sabiendo q él cogerá alagado esa bandeja y la guardará en el estante del armario más alto y bonito q tenga. Ese tipo de amigos nunca se separan de tu vera. Amigos perennes.
Pasas por la vida teniendo más amigos caducos q úlceras en la lengua, y créeme, prefiero tener la lengua llena de úlceras q confiar a un amigo de este tipo la bandeja de plata de la q escribía antes, pues la mirará, le flojearán los brazos, la bandeja pasará a ser de cartón y chocará contra el suelo esparciendo todos los sentimientos por el alquitrán endurecido hasta resbalar por cualquier alcantarilla cercana.
Ya se q estas palabras con como poesía para su poeta. Se saben de memoria, y aunqe a veces cuesta distinguir entre hojas perennes y caducas siempre acaba llegando el final del verano y observas cuales de ellas se vuelven marrones y se van con el viento, y cuales se quedan para hacerte compañía en los momentos en los q te sientas a intercambiar miradas con la soledad.
Únicamente quería hacer un reconocimiento a esas hojas verdes y bonitas tanto en verano como en otoño, aguantan la nieve del invierno y hacen q la vida sea más llevadera en épocas de pocos abrazos, y más divertida en momentos en los q las lágrimas brillan por su ausencia.
Pasas por la vida teniendo más amigos caducos q úlceras en la lengua, y créeme, prefiero tener la lengua llena de úlceras q confiar a un amigo de este tipo la bandeja de plata de la q escribía antes, pues la mirará, le flojearán los brazos, la bandeja pasará a ser de cartón y chocará contra el suelo esparciendo todos los sentimientos por el alquitrán endurecido hasta resbalar por cualquier alcantarilla cercana.
Ya se q estas palabras con como poesía para su poeta. Se saben de memoria, y aunqe a veces cuesta distinguir entre hojas perennes y caducas siempre acaba llegando el final del verano y observas cuales de ellas se vuelven marrones y se van con el viento, y cuales se quedan para hacerte compañía en los momentos en los q te sientas a intercambiar miradas con la soledad.
Únicamente quería hacer un reconocimiento a esas hojas verdes y bonitas tanto en verano como en otoño, aguantan la nieve del invierno y hacen q la vida sea más llevadera en épocas de pocos abrazos, y más divertida en momentos en los q las lágrimas brillan por su ausencia.
Promesas en vano.
- Me prometiste q era la última. La última vez q tenía q ir a por tí a un bar cualqiera por tu nefasto sentido de la consciencia. La última botella q veías acabar y, del enfado, la rompías contra la ventana de tus pensamientos dejándola rota en pedacitos. El último esfuerzo por apoyar en mis hombros todo tu peso para q no caigas de una vez por todas en el oscuro agujero de la vida misma.
¿Por qué te creí? Siempre igual... nunca cambiaras, pero esta vez se te ha acabado el juego conmigo, ya te he prestado suficientes fichas para q las sigas desperdiciando en esta larga partida de poker llamada vida. Puede q así cambies. Puede q si por variar no te levantes en tu casa, q no te levantes con un amigo al lado, cuidando de tí, de tus heridas, o q simplemente no te levantes, aprendas un gran consejo. Será por tu bien. Será también por el mío.
No se ni para q me molesto en hablar contigo con esta seriedad si la tuya ya se fue a la cuarta copa. Ahora mismo ni podrás pronunciar mi nombre. No creo ni q recuerdes estas palabras, estas palabras de despedida. Me lo prometiste.
¿Por qué te creí? Siempre igual... nunca cambiaras, pero esta vez se te ha acabado el juego conmigo, ya te he prestado suficientes fichas para q las sigas desperdiciando en esta larga partida de poker llamada vida. Puede q así cambies. Puede q si por variar no te levantes en tu casa, q no te levantes con un amigo al lado, cuidando de tí, de tus heridas, o q simplemente no te levantes, aprendas un gran consejo. Será por tu bien. Será también por el mío.
No se ni para q me molesto en hablar contigo con esta seriedad si la tuya ya se fue a la cuarta copa. Ahora mismo ni podrás pronunciar mi nombre. No creo ni q recuerdes estas palabras, estas palabras de despedida. Me lo prometiste.
Preguntas.
Preguntas sobre una relación acabada (nuestra relación acabada) se caen por su propio peso en el centro de mi pensamiento buscando unas palabras q les sirvan de respuesta. Palabras en forma de verdad o mentira. Palabras q mitiguen el incordio de no saber contestarlas.
¿Un "te quiero" al día y un beso de despedida cada mañana hubieran bastado para encender de nuevo el fuego, el fuego q nos calentaba por las noches y nos hacía más amenos los días? Probablemente sí. Sin qerer darnos cuenta fuimos dejando q la pasión se fuera, goteando por un grifo a medias de cerrar, y ni tú ni yo fuimos capaces de pararnos a escuchar ese goteo continuo q tanto dolor de cabeza nos producía.
¿Más picardía y menos cansancio y monotonía? Es obvio q eramos como pájaros enjaulados, como botellas de ceveza llenas de agua, como rehenes atados por las cuerdas del día a día. Nos faltaban esos guiños de ojos q dejamos de hacer antaño, esos besos con fuerza dejando de lado los intentos por volver a respirar. Nos faltaron escapadas atrevidas, aventuras sin planear, brotes de lujuría q crecieran espontáneamente sin haberlos visto venir.
¿Habría sido mejor permanecer siempre encadenados q no mirar cada uno por su lado? Fue un gran despiste no reparar muchas veces q ya no caminaba solo por esta vereda, sino q fuertemente agarrada a mi mano estabas tú esperando a q te preguntara si qerias cambiar de camino, esperando a q alguna vez te preguntara si estabas cansada, esperando hasta q no pudiste más y te soltaste de la mano.
¿Cómo no nos dimos cuenta? Esta es, a mi juicio, la peor pregunta. No le encuentro respuesta pero únicamente para q pare de amedrentarme lo q qeda de mi asfixiado cerebro le daré algunas palabras para q se calme, una dosis de nicotina. No eramos piezas del mismo puzzle. No es q no encajaramos, es q no teniamos el mismo dibujo encima. No era amor, era ansia por qerer enamorarse. Nos precipitamos al intentar jugar al parchis con dados de poker...
¿Un "te quiero" al día y un beso de despedida cada mañana hubieran bastado para encender de nuevo el fuego, el fuego q nos calentaba por las noches y nos hacía más amenos los días? Probablemente sí. Sin qerer darnos cuenta fuimos dejando q la pasión se fuera, goteando por un grifo a medias de cerrar, y ni tú ni yo fuimos capaces de pararnos a escuchar ese goteo continuo q tanto dolor de cabeza nos producía.
¿Más picardía y menos cansancio y monotonía? Es obvio q eramos como pájaros enjaulados, como botellas de ceveza llenas de agua, como rehenes atados por las cuerdas del día a día. Nos faltaban esos guiños de ojos q dejamos de hacer antaño, esos besos con fuerza dejando de lado los intentos por volver a respirar. Nos faltaron escapadas atrevidas, aventuras sin planear, brotes de lujuría q crecieran espontáneamente sin haberlos visto venir.
¿Habría sido mejor permanecer siempre encadenados q no mirar cada uno por su lado? Fue un gran despiste no reparar muchas veces q ya no caminaba solo por esta vereda, sino q fuertemente agarrada a mi mano estabas tú esperando a q te preguntara si qerias cambiar de camino, esperando a q alguna vez te preguntara si estabas cansada, esperando hasta q no pudiste más y te soltaste de la mano.
¿Cómo no nos dimos cuenta? Esta es, a mi juicio, la peor pregunta. No le encuentro respuesta pero únicamente para q pare de amedrentarme lo q qeda de mi asfixiado cerebro le daré algunas palabras para q se calme, una dosis de nicotina. No eramos piezas del mismo puzzle. No es q no encajaramos, es q no teniamos el mismo dibujo encima. No era amor, era ansia por qerer enamorarse. Nos precipitamos al intentar jugar al parchis con dados de poker...
¿Y si...
¿Y si la luna se escondiera y, por la
noche, sin ninguna luz en el cielo,
nuestros roces fueran caricias y la
cama con sábanas de terciopelo?
¿Y si el sol no apareciera y, con la
mano entrelazando tu suave pelo,
deseara no despertarte con la
intención de llegar a tu desvelo?
¿Y si mañana tu y yo, sin la luna
y el sol, volviésemos a nuestra cuna?
noche, sin ninguna luz en el cielo,
nuestros roces fueran caricias y la
cama con sábanas de terciopelo?
¿Y si el sol no apareciera y, con la
mano entrelazando tu suave pelo,
deseara no despertarte con la
intención de llegar a tu desvelo?
¿Y si mañana tu y yo, sin la luna
y el sol, volviésemos a nuestra cuna?
Relato de un viejo y su despedida.
Estando yo paseando por la plaza de al lado de mi casa miro al banco de la esqina. Todos los días desde hace varios años veo a un hombre ya anciano de pelo blanco, bastón de clara madera, mirada perdida y temblores en las manos, sentado observando la forma en q se oculta el sol. Cada día igual: llega con paso calmado, se sienta lentamente y espera.
Pasé a su lado. Olor a viejo y humedad penetró en mi nariz. Miré a su desgastada cara pero sus ojos apuntaban a la infinitud del cielo ya casi del todo oscuro. Pasaron varios minutos cuando alcancé a ver la silueta de una persona sentada a su vera. Lucía capa negra hasta los tobillos y gran guadaña, pero, gracias a la oscuridad de la noche no pude ver lo q supuse q iba a ser esqelética cara.
Mas, lejos de tener miedo, hacerqeme yo sin ruido a unos arbustos cercanos al banco. No oía nada y temí haber sido cazado. Cuando ya me disponía a llevar a cabo mi retirada oí una fría voz proveniente de debajo de la capa:
- Ya llegué.
El silencio se hizo de nuevo entre las dos personas. Al rato se escucharon unas cansadas palabras del anciano:
- Lo sé. Te he estado esprando.
A partir de ese momento la cara del anciano dejó por fín de mirar al negro cielo para dirigirse directamente a la persona de su izqierda. La conversación llegó a mis oidos. Esa conversacíon q no era mía y q no debí de haber escuchado, cosa de la q ahora pido perdón a Dios.
- ¿Por qué has tardado tanto?
- He venido cuando he tenido q venir.
- Mientes. He esperado demasiado.
- Lo justo.
- Me ha sobrado vida q podía haber sido aprovechada por cualqier interesado. Tu trabajo no has realizad.
- Ni tu ni yo decidimos la hora de nuestra cita, eso ya lo sabes...
- Perdón, no he qerido faltarle al respeto. ¿Cómo funciona esto? ¿Le pongo a sus pies la cabeza como si leñador fueras o hablamos pues de mi vida, mis amores y mis creencias?
- No qisiera hacer migas al ser yo seqia y tu simple y peqeña semilla.
- Entiendo el razonamiento, mas qisiera decirte antes de nuestra partida q, de niño ni te conocía, de jóven me hablaron de tí, de adulto te temía y ahora ya de viejo tu nombre susurraba esperando este día.
Ambos se levantaron del banco no sin dejar pasar unos minutos para silenciosa despedida. El anciano ya contento, con leve sonrisa, su bastón de madera agarrado con fuerza, sin temblores en las manos y ligera prisa, siguió a la oscura capa hasta q ya no los veía.
No fue mucha mi sorpresa cuando los siguientes días miraba al banco y persona alguna había. Y después de ver lo q vi, únicamente pido q si alguien lee este relato, cuando sea ya yo viejo, no dude en qitarme sin miramientos la vida, pues la espera, esa vieja amiga, no me va a hacer ningún bien sino alargarme la despedida.
Pasé a su lado. Olor a viejo y humedad penetró en mi nariz. Miré a su desgastada cara pero sus ojos apuntaban a la infinitud del cielo ya casi del todo oscuro. Pasaron varios minutos cuando alcancé a ver la silueta de una persona sentada a su vera. Lucía capa negra hasta los tobillos y gran guadaña, pero, gracias a la oscuridad de la noche no pude ver lo q supuse q iba a ser esqelética cara.
Mas, lejos de tener miedo, hacerqeme yo sin ruido a unos arbustos cercanos al banco. No oía nada y temí haber sido cazado. Cuando ya me disponía a llevar a cabo mi retirada oí una fría voz proveniente de debajo de la capa:
- Ya llegué.
El silencio se hizo de nuevo entre las dos personas. Al rato se escucharon unas cansadas palabras del anciano:
- Lo sé. Te he estado esprando.
A partir de ese momento la cara del anciano dejó por fín de mirar al negro cielo para dirigirse directamente a la persona de su izqierda. La conversación llegó a mis oidos. Esa conversacíon q no era mía y q no debí de haber escuchado, cosa de la q ahora pido perdón a Dios.
- ¿Por qué has tardado tanto?
- He venido cuando he tenido q venir.
- Mientes. He esperado demasiado.
- Lo justo.
- Me ha sobrado vida q podía haber sido aprovechada por cualqier interesado. Tu trabajo no has realizad.
- Ni tu ni yo decidimos la hora de nuestra cita, eso ya lo sabes...
- Perdón, no he qerido faltarle al respeto. ¿Cómo funciona esto? ¿Le pongo a sus pies la cabeza como si leñador fueras o hablamos pues de mi vida, mis amores y mis creencias?
- No qisiera hacer migas al ser yo seqia y tu simple y peqeña semilla.
- Entiendo el razonamiento, mas qisiera decirte antes de nuestra partida q, de niño ni te conocía, de jóven me hablaron de tí, de adulto te temía y ahora ya de viejo tu nombre susurraba esperando este día.
Ambos se levantaron del banco no sin dejar pasar unos minutos para silenciosa despedida. El anciano ya contento, con leve sonrisa, su bastón de madera agarrado con fuerza, sin temblores en las manos y ligera prisa, siguió a la oscura capa hasta q ya no los veía.
No fue mucha mi sorpresa cuando los siguientes días miraba al banco y persona alguna había. Y después de ver lo q vi, únicamente pido q si alguien lee este relato, cuando sea ya yo viejo, no dude en qitarme sin miramientos la vida, pues la espera, esa vieja amiga, no me va a hacer ningún bien sino alargarme la despedida.
A veces sueño.
A veces sueño en correr,
correr sobre las miradas
q ajenas a mis pisadas
tienen miedo por perder
la ilusión de no crecer.
A veces sueño en pintar
voces con las q gritar
versos en vez de palabras,
gritar lo q qedó atrás,
gritar, gritar por gritar.
correr sobre las miradas
q ajenas a mis pisadas
tienen miedo por perder
la ilusión de no crecer.
A veces sueño en pintar
voces con las q gritar
versos en vez de palabras,
gritar lo q qedó atrás,
gritar, gritar por gritar.
Mi alma.
Mi alma, cautiva en el más olvidado
baúl en cualqier sucio recoveco,
es guardiana de mi sentir cansado,
pues en sus rincones oculta el eco
del corazón cada vez más pausado
y q en sus primeros tiempos pecó
de no dejar descanso entre amor y amor,
de pasar por la vida de flor en flor.
baúl en cualqier sucio recoveco,
es guardiana de mi sentir cansado,
pues en sus rincones oculta el eco
del corazón cada vez más pausado
y q en sus primeros tiempos pecó
de no dejar descanso entre amor y amor,
de pasar por la vida de flor en flor.
La felicidad reside en la ignorancia.
No soy más feliz por saber q pasa en el tercer mundo.
No soy más feliz por conocer el tanto por ciento de personas de todo el planeta q poseen la mayor cantidad de dinero.
No soy más feliz por intuir q tenemos hilos en nuestras extremidades para q nos manejen como marionetas.
No soy más feliz por razonar q el hombre es un animal q se mueve por la codicia, el dinero y la ambición.
No soy más feliz por saber q cada vez q me subo en el coche se derrite un mm cuadrado más de polo como un soldadito de plástico en el microondas.
No soy más feliz por estudiar q se tala un árbol en el mundo por cada segundo como si de un juego se tratara.
No soy más feliz por intuir q las zapatillas q llevo son propiedad de niños de la India.
No soy más feliz por saber q si lanzas los dados en el cielo y tienes mala suerte naces mujer en china.
No soy más feliz porq de vez en cuando pueda oír en la tele una peqeña mentira, un mísero susurro de los engaños q se llevan a cabo a nuestras espaldas mientras nos ponen golosinas delante de la cara.
No soy más feliz por razonar q para q se fabriqen medallas destinadas a soldados en el otro lado del mundo hay una guerra de donde vienen.
No soy más feliz por escribir estas palabras pues suponen q soy un infeliz.
No soy más feliz por saber q si yo ya soy un infeliz, casi todas las personas relacionadas con las frases q acabo de escribir son todavía más infelices q yo.
Entonces, según lo anterior mencionado, si no supiera nada de estas palabras, ¿podría llegar a ser feliz algún día, aunqe fuese solo unos minutos, aunqe fuese únicamente un cosqilleo en el estómago?
No soy más feliz por conocer el tanto por ciento de personas de todo el planeta q poseen la mayor cantidad de dinero.
No soy más feliz por intuir q tenemos hilos en nuestras extremidades para q nos manejen como marionetas.
No soy más feliz por razonar q el hombre es un animal q se mueve por la codicia, el dinero y la ambición.
No soy más feliz por saber q cada vez q me subo en el coche se derrite un mm cuadrado más de polo como un soldadito de plástico en el microondas.
No soy más feliz por estudiar q se tala un árbol en el mundo por cada segundo como si de un juego se tratara.
No soy más feliz por intuir q las zapatillas q llevo son propiedad de niños de la India.
No soy más feliz por saber q si lanzas los dados en el cielo y tienes mala suerte naces mujer en china.
No soy más feliz porq de vez en cuando pueda oír en la tele una peqeña mentira, un mísero susurro de los engaños q se llevan a cabo a nuestras espaldas mientras nos ponen golosinas delante de la cara.
No soy más feliz por razonar q para q se fabriqen medallas destinadas a soldados en el otro lado del mundo hay una guerra de donde vienen.
No soy más feliz por escribir estas palabras pues suponen q soy un infeliz.
No soy más feliz por saber q si yo ya soy un infeliz, casi todas las personas relacionadas con las frases q acabo de escribir son todavía más infelices q yo.
Entonces, según lo anterior mencionado, si no supiera nada de estas palabras, ¿podría llegar a ser feliz algún día, aunqe fuese solo unos minutos, aunqe fuese únicamente un cosqilleo en el estómago?
Tres lágrimas derramadas.
Tras razonar lo q qieren decir las palabras q salen de sus finos labios (esos q tantas veces te han regalado el placer) y mirarla a los ojos, lo comprendes.
Un tarro de pintura blanca se derrama por tu mente tiñéndola de blanco, colapsando tus sentidos y dejándote sin palabras.
El sonido de una lágrima q choca contra el suelo hace eco en tus oídos sacándote de tu ensimismamiento. Pronto comprendes q ese incordio de lágrima q ha roto el hilo de tus pensamientos, es tuya. ¿Hace cuánto no llorabas? ¿Hace cuánto al vida no te había clavado sus puntiagudos y brillantes dientes diseñados para resqebrajar el tejido del corazón?
Te distraes pensando en tus propios sentimientos, en porq lloras, en porq no sonries, en q hacer, en porq no besarla, en porq estas bloqeado, en porq no te mueves, en porq ella tampoco...
La miras. Te aparta la mirada. En esas milésimas de segundo q tus ojos conectaron con los suyos pudiste ver en ellos como una boca con unos labios todavía más finos q los suyos, unos dientes afilados y una sonrisa encogedora del alma, cogía aire y lo soltaba para apagar la última chispa q mantenía encendida la pasión de la relación ya desangrada.
Otro estruendo resuena en tus tímpanos. Otra lágrima acaba de acariciar el suelo rompiéndose en pedazos. Miras los fragmentos y observas con agudeza q son más brillantes, más bonitos. Alzas la cabeza y al ves llorando. ¿Por qué llora ella si ha sido la culpable de la situación? Quizás haya sido por el hecho de verte asimilando su petición.
Te vuelves a distraer sumido de nuevo en tus pensamientos, e intentando averiguar los suyos. Siempre habías tenido una vaga idea de lo q pensaba y la forma en q lo hacia. Hoy no. Hoy era diferente. Ni siquiera intuias los motivos por los q lo hacía.
Cierras los ojos, no qieres más entretenimientos, únicamente qieres averiguar si existe una salida, una escapatoria a la condena q acaba de dictaminar esa chica q ahora se acercaba con paso lento hacia la puerta de salida. Sigues con al boca sellada, pero tus oidos captan unas dolorosas palabras mantenidas en el aire por un susurro: Feliz San Valentín.
El punto y final lo marca la tercera y última lágrima q explota contra el suelo. Esta vez no sabes si ha caido de tus ojos, de los suyos o de los infantiles ojos de Cupido al enterarse de q cuenta con un amor menos en esta guerra duradera q se lleva luchando desde q al viejo le llegan los recuerdos.
Un tarro de pintura blanca se derrama por tu mente tiñéndola de blanco, colapsando tus sentidos y dejándote sin palabras.
El sonido de una lágrima q choca contra el suelo hace eco en tus oídos sacándote de tu ensimismamiento. Pronto comprendes q ese incordio de lágrima q ha roto el hilo de tus pensamientos, es tuya. ¿Hace cuánto no llorabas? ¿Hace cuánto al vida no te había clavado sus puntiagudos y brillantes dientes diseñados para resqebrajar el tejido del corazón?
Te distraes pensando en tus propios sentimientos, en porq lloras, en porq no sonries, en q hacer, en porq no besarla, en porq estas bloqeado, en porq no te mueves, en porq ella tampoco...
La miras. Te aparta la mirada. En esas milésimas de segundo q tus ojos conectaron con los suyos pudiste ver en ellos como una boca con unos labios todavía más finos q los suyos, unos dientes afilados y una sonrisa encogedora del alma, cogía aire y lo soltaba para apagar la última chispa q mantenía encendida la pasión de la relación ya desangrada.
Otro estruendo resuena en tus tímpanos. Otra lágrima acaba de acariciar el suelo rompiéndose en pedazos. Miras los fragmentos y observas con agudeza q son más brillantes, más bonitos. Alzas la cabeza y al ves llorando. ¿Por qué llora ella si ha sido la culpable de la situación? Quizás haya sido por el hecho de verte asimilando su petición.
Te vuelves a distraer sumido de nuevo en tus pensamientos, e intentando averiguar los suyos. Siempre habías tenido una vaga idea de lo q pensaba y la forma en q lo hacia. Hoy no. Hoy era diferente. Ni siquiera intuias los motivos por los q lo hacía.
Cierras los ojos, no qieres más entretenimientos, únicamente qieres averiguar si existe una salida, una escapatoria a la condena q acaba de dictaminar esa chica q ahora se acercaba con paso lento hacia la puerta de salida. Sigues con al boca sellada, pero tus oidos captan unas dolorosas palabras mantenidas en el aire por un susurro: Feliz San Valentín.
El punto y final lo marca la tercera y última lágrima q explota contra el suelo. Esta vez no sabes si ha caido de tus ojos, de los suyos o de los infantiles ojos de Cupido al enterarse de q cuenta con un amor menos en esta guerra duradera q se lleva luchando desde q al viejo le llegan los recuerdos.
Paredes de cristal.
Paredes de cristal, donde vuelan las miradas,
los días y las noches se mezclan entre estrellas
y bajo tantas y tantas tormentas de lágrimas
se escucha el eco de murmullos y cuentos de hadas.
Y si algún día llegan las paredes opacas,
frías, con rincones tristes, ventanas cerradas,
en donde la luz no corra e ilumine nuestras
amargas vidas, q se entierren nuestras almas.
Infancia
¿Te has sentido alguna vez fuera de lugar? Donde parece q eres la pieza q pertenece a otro puzzle, sin sitio, atrapado en donde no qieres estar y donde no qieren q estes. Así fue mi pasado, mi infancia.
Mi vida estaba marcada por la monotonía, las reglas, el tiempo. Todos los días a las 7 y media me levantaba, desayunada mi clásico tazón de leche con cereales y me preparaba para ir a clase. Después de clase, la comida, los deberes, la merienda, el tiempo de ocio (siempre escaso), la ducha, la cena, la tele, la hora de lectura (en esa época los libros como Harry Potter o Narnia llenaban mi habitación), y a la cama. Siempre en ese órden, siempre el mismo horario, las mismas cosas...
Pasaron los minutos, las horas, las clases, los días, los veranos y llegué al instituto. Pensaba q mi vida en sí cambiaría al pasar al "colegio de los mayores", me imaginaba rodeado de amigos pasandonos apuntes, me imaginaba con mi propia taqilla con número de combinación, sentado en una gran sala con bancos superpuesto cada vez mas arriba como en las película americanas.
Me equivoqué. Nada cambió del colegio de los niños al de los mayores, salvo por la aparición de unos hierros en mi boca, también llamado aparato, el acné, los 30 cm más de altura, las ganas incontroladas de hacer caso a las hormonas q, cada vez q te encontrabas por los pasillos a la "Barbie" de tu instituto,te lanzaban cubos de sudor a la cara, te pegaban los labios con super glue y movían algo en tus pantalones.
¿Te has fijado alguna vez en el chico aparentemente mudo de tu clase de la ESO? ¿ese q pasa los recreos en un rincón mientras q en clase se limita a contestar con una tímida voz a las preguntas del profesor? Prácticamente yo era ese niño. Si existe una palabra en el mundo capaz de describir mis sentimientos y el paso de mi existencia por los bajos cursos del instituto, a la vez q mi papel en este último, esa palabra es: marginado.
Mi vida estaba marcada por la monotonía, las reglas, el tiempo. Todos los días a las 7 y media me levantaba, desayunada mi clásico tazón de leche con cereales y me preparaba para ir a clase. Después de clase, la comida, los deberes, la merienda, el tiempo de ocio (siempre escaso), la ducha, la cena, la tele, la hora de lectura (en esa época los libros como Harry Potter o Narnia llenaban mi habitación), y a la cama. Siempre en ese órden, siempre el mismo horario, las mismas cosas...
Pasaron los minutos, las horas, las clases, los días, los veranos y llegué al instituto. Pensaba q mi vida en sí cambiaría al pasar al "colegio de los mayores", me imaginaba rodeado de amigos pasandonos apuntes, me imaginaba con mi propia taqilla con número de combinación, sentado en una gran sala con bancos superpuesto cada vez mas arriba como en las película americanas.
Me equivoqué. Nada cambió del colegio de los niños al de los mayores, salvo por la aparición de unos hierros en mi boca, también llamado aparato, el acné, los 30 cm más de altura, las ganas incontroladas de hacer caso a las hormonas q, cada vez q te encontrabas por los pasillos a la "Barbie" de tu instituto,te lanzaban cubos de sudor a la cara, te pegaban los labios con super glue y movían algo en tus pantalones.
¿Te has fijado alguna vez en el chico aparentemente mudo de tu clase de la ESO? ¿ese q pasa los recreos en un rincón mientras q en clase se limita a contestar con una tímida voz a las preguntas del profesor? Prácticamente yo era ese niño. Si existe una palabra en el mundo capaz de describir mis sentimientos y el paso de mi existencia por los bajos cursos del instituto, a la vez q mi papel en este último, esa palabra es: marginado.
El tiempo me araña...
El tiempo me araña. El tiempo q paso sin hablar contigo, sin saber nada de ti, sin mirarte, sin oir tus palabras o simplemente sin saber q estas cerca, aunqe no hablemos, únicamente me basta con saber q con un solo movimiento de cabeza puedo verte y, con suerte, levantar la mano para rozar la cálida piel q cubre tu cuerpo para q no se escapen las estrellas q viven en tu interior.
El constante pensamiento de mi proposición hacia tí golpea mi mente cada pocos segundos como las olas q golpean la fina arena de la playa. Es un castigo al q estoy condenado por enamorarme de la chica a la q todos miran, esa chica q parace ser el centro del mundo y maneja al sol y la luna solo con un susurro de sus labios.
La espera me duele. La espera de saber si hay algo en un pozo sin fondo. La espera de saber si no hay nada, y un solo grito basta para q el eco espante a los fantasmas q me dicen al oido q la chica no querrá, dirá q lo mejro es la amistad. Pero no quiero escucharles y pienso, cada vez menos convencido, q solo son mentiras, q la chica vendrá y no simplemente para saludar, sino q se sentará conmigo a la orilla del pozo a contar historias de amor con final feliz mientras rozo con mis dedos su piel para q se agiten las estrellas q lleva en el interior.
La respuesta no llega. Ni un sí, ni un no. Ni un qizás, ni un hasta nunca. Nada.
El tiempo me araña...
Justicia
- Y, ¿a dónde vas?
- A buscar la justicia.
- No seas tonto, ambos sabemos q no existe.
- Mejor, así nunca pararé de buscarla. Será un viaje sin final.
- Compañero, la justicia es como el viento: lo sigues, lo notas, y cuando parece q lo vas a apresar con las manos se escabulle entre los dedos.
- Pues yo pienso buscarla, encontarla y amarrarla con cuerdas y cadenas a una silla para enseñarsela al mundo. Y sé, además, q no soy el único q no ha perdido la fe en ella, q hay más locos como yo q en el rocobeco más áspero y olvidado de su mente crece una rosa espinosa y bella llamada justicia.
- Deliras qerido amigo...
- A buscar la justicia.
- No seas tonto, ambos sabemos q no existe.
- Mejor, así nunca pararé de buscarla. Será un viaje sin final.
- Compañero, la justicia es como el viento: lo sigues, lo notas, y cuando parece q lo vas a apresar con las manos se escabulle entre los dedos.
- Pues yo pienso buscarla, encontarla y amarrarla con cuerdas y cadenas a una silla para enseñarsela al mundo. Y sé, además, q no soy el único q no ha perdido la fe en ella, q hay más locos como yo q en el rocobeco más áspero y olvidado de su mente crece una rosa espinosa y bella llamada justicia.
- Deliras qerido amigo...
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